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miércoles, 7 de noviembre de 2012

Ailén Maldonado

Cada vez que mi nombre cae, alguien rima la palabra nunca

Mi madre y yo estamos en un auto 
amarillo transitando un bosque oscuro 
ella conduce yo llevo un paquete 
en mis brazos cuyo interior alberga 
un bebé creo que estamos huyendo 
aún no sé de qué el viaje se está 
tornando una pesadilla de crema de limón 
una copa de arroz con leche una mañana 
helada una pulseada con un marciano en 
el medio del camino aparece de la 
nada un duende lo atropellamos y 
continuamos el trayecto sin detenernos 
mi madre parece no darse cuenta del 
suceso y yo no se lo menciono tal vez 
fue mi imaginación la piel del duende 
era blanca y arrugada su pelo largo 
celeste sucio hasta los hombros llegamos 
a casa los días transcurren y el bebé no 
crece adquiere la forma de una papa 
sucia pienso en el duende y sospecho 
que nos lanzó un maleficio.

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Malgorzata Niegel
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El temor de ser ahorcado por un ave

Dos mujeres discuten la dueña de casa 
comienza a impacientarse y sin dar explicación 
avanza por un pasillo al sur de la casa 
la otra la sigue se sorprende: sobre las paredes 
blancas hay cuadros tridimensionales 
hechos con torsos femeninos la ferocidad 
de los cuadros aumenta a medida que se 
acercan al cuarto principal durante el trayecto 
en el hueco cuadrado de una pared una mujer 
espera en un momento una empleada aparece 
llevando una anciana de la mano que parece 
perdida la visitante se pregunta si está ahí por 
propia voluntad la dueña de casa al verlas llegar 
sonríe y por primera vez pierde la calma dice que 
debe irse a otra habitación que nadie la va 
a denunciar y que la intrusa debe morir a 
continuación desaparece la empleada toma 
a la intrusa de la mano le dice que no debe 
comportarse mal porque sabe que no hay otra

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