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lunes, 25 de junio de 2012

CLAUDIO SIMIZ

Mini BIO:
"Fui engendrado en la pensión de un barrio porteño, hoy vivo en Moreno, mañana Dios sabe dónde andaré. Tengo buenos amigos y dos hijos que son lo que más me preocupa y esperanza. Les prometí no ser rico ni funcionario, o sea, andar remendado pero limpio, como decía mi vieja. Viajé poco, pero eso no me frustra, los paisajes interiores son los que más me interesan; de todos modos creo haber ganado un lugarcito en el corazón de mis alumnos y en él recorro latitudes insospechadas. Durante varios lustros soñé que la literatura dejaría mi nombre en la memoria de los hombres; hoy no lo creo ni me importa demasiado, sigo escribiendo, sí, poemas, cuentos, teatro, ensayo y leyendo, claro, y ayudando a otros a que lo hagan. He militado, comprometida y dolorosamente, mucho tiempo. Pienso, pasada la madurez, que los años que me quedan serán más gratos y productivos edificando, y en grupo, de abajo hacia arriba (el dominante orden inverso nos ha deparado fracasos indecibles), algo así como un francotirador (jubilado por el IPS, no por la vida) con cómplices entrañables, entre ellos, 8 P.M”.
 



“La poesía me elude y me busca; me urge y me serena; me obliga, me ayuda a recordar que aún estoy aquí, aunque sea por un rato. Es demasiado parecida a la Muerte”.

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Marinas

I

El que no ha remontado los mares de la infancia
y recorre pedestre y solitario
las costas entrevistas en los años de bruma
y bebe su alcohol en puertos macilentos
donde un día creyó que ella estaría esperándolo
no recuperará jamás su corazón.
Acaso intuirá,
que la sirena no era un sueño
ni un señuelo,
no
era el amor
la voz del verdadero amor,
la sinuosa pasión de lo profundo.

II

Los pescadores y sus peces muertos,
el mendigo embotado de silencio,
mis manos tan frías,
tan lejos.
¿Dónde cabrá tanta soledad?
ni en el etéreo, ceñido puño de la noche,
ni en el incesante, inconstante fluir del cielo.
Una gaviota toma un pececillo del agua,
pasa a mi lado como una caricia.
Sólo el mar sabe perdonar
sin preguntas ni lástima.
(de Actas del Naufragio, inédito)

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Hoy y aquí

Sí, lo sabemos:
la muerte es toda nuestra,
Amor,
su caricia de madre
nos borrará las horas de ausencia,
los rincones amargos,
la duda y sus insomnios.
A cambio
nos acerca el ahora,
sus recreos,
los tres sorbos del café,
cierto oro reencontrado en tus pupilas,
el corazón irremediablemente nuestro.
No nos vence la muerte,
nos convence.

Las palabras

Las palabras saben
permanecer indemnes.
El político pedorro,
el profesor pedófilo,
el periodista gangrenoso,
el baboso consuetudinario
las ciegan,
las incendian,
las hinchan,
las eunucan,
Pero ellas
saben darse vuelta,
tornar imperturbables
como un corchito a la superficie,
como una brújula hacia el norte
y vuelven,
inocentes,
a los hombres,
los trabajos,
los sueños
de los hombres,
los que nunca supimos
salir indemnes.

(de No es nada, Amaru, 2005)

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IV Tránsitos

Solo de lluvia

Detrás de los cristales pasa el mundo/ nadie podrá decir que no lo ha visto/ la imperiosa osamenta de los días/ estremece de cuajo cada médula/ cada rincón que creíamos íntimo/
Sólo la lluvia/ ese ademán ingenuo de la niebla/ sólo las innúmeras puntadas/ del lienzo de la lluvia/ nos dejan la ilusión de estar a solas/ con nuestro corazón y su almanaque/ las preguntas/ fantasmas/ que nadie ha silenciado/
Pero es sólo un instante/ regusto indefinible inconfundible/ ese relente de eternidad y olvido.

El dolor de los otros

Uno lo ve pasar/ surcar de rojo tardes anodinas/ golpear de puñetazo o de gotera las espaldas del sueño/
Uno oye su respirar terco/ el eco asordinado/ el esternón vibrante/ el diapasón en carne viva/
Uno siente a su lado su densa sombra verde/ ese procaz acidulado almizcle/ y acaso tarde/ maravillosamente tarde/ se reconoce labio de la herida/ sílaba atónita de años/ y se desencandila del espejo/ apenas casi sin entornar los párpados/ uno empieza a llorar/ sin traducir las lágrimas.

Crónica de un día gris

Quién no ha dado la vida/ tantas veces/ por una palabra/ una sola palabra/ una grieta donde amaine el silencio/
Quién no se ha vuelto extraño/ de la agonía al éxtasis/ de cima en sima/ antes que el gallo cante siquiera dos veces/
Quién al rozar una de esas mujeres que nos dejan el corazón doliendo a nardo/ no ha sentido que era ella y sólo ella y nunca ella/ por un instante transparente y grávido/
Quién, al desuncir los bueyes de la tristeza/ no presiente que el yugo se le va revelando/ indómita núbil golondrina/ en trance de volvernos/ de fundarnos su casa.

(de Tríadas, La luna que, 2009)


6 comentarios:

  1. Hay muchas afinidades.

    Me gustan estos textos.

    Saludos,

    Ana Lucía

    .

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    Respuestas
    1. Gracias, Ana, me gustaría conocer esas afinidades.

      Claudio

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  2. Claudio, cuando no conversábamos mucho, yo escribía poesías y cuentos cortos, sólo algunas personas las leían, los perdí todos. Ya no escribo más poesías, trato de escribir cuentos que no sean tan cortos y nunca abandono la idea de dejar algo para la posteridad, espero que vos puedas recuperar las ganas de dejar tu nombre en la memoria de las personas, es la diferencia entre los que lo consiguen y los que no. No pierdas el enfoque.
    Horacio

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  3. Querido Horacio: es una sorpresa descubrir tu vocación literaria, me gustaría conocer tus textos. En lo que a mí respecta, la gente guardará para sí lo que le guste o sea útil, lo que importa es compartir lo creado, es la única, tal vez efímera, zancadilla que podemos hacerle al tiempo.
    Gracias por tu comentario.
    Claudio

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  4. Qué decir de tu poesía? Me encanta!!!

    Besossssss

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  5. Qué decir de sus poemas que ya no haya leído,sigo sus trabajos literarios ya sea por lo que publica o por este espacio que nos brinda la tecnología; veo con tristeza cada día que hay muchas personas que escriben y nunca serán reconocidas, en su caso no es así Ud ya tiene un nombre en Moreno y traspasa sus fronteras. Un poco más de fe hombre. Como siempre es un placer leer su trabajo. Pasan los años y sus poemas se hacen más profundos y movilizadores.

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